Látigo y flor

Dulce María Loynaz
Parece imposible visitar una casa que carece de timbres y aldabas, suele estar a oscuras, el teléfono tiene desperfectos y, si llueve o hace frío, su dueña se recoge aún más.
Tras las gruesas paredes, casi amuralladas, de ese palacio real en plena Habana, vive una mujer con tanto tiempo en la tierra que [...]