SUR DE MÉXICO: LA FRONTERA CALIENTE

Reportaje

Texto: José Luis Castillejos Ambrocio   joseluiscastillejos@gmail.com

Fotos: Olivier Lalin

Frontera Sur de México.- María Hermenegilda Reyes, una salvadoreña de 25 años cierra los ojos y respira hondo y con las palmas de su manos hacia arriba pregunta: “¿Por qué Dios mío…Por qué?. Un rictus de tristeza transforma su rostro. Se mira las piernas amputadas y tímidas lágrimas asoman, en respuesta, por sus ojos.

María, una campesina que dejó su familia en El Salvador, un pequeño país centroamericano conocido como “El pulgarcito de América”, en su deseo de ir tras el sueño americano”, es una de los cinco mil indocumentados que quedaron amputados al caer del tren en marcha, en la travesía que realizaron desde Ciudad Hidalgo, en la frontera sur de México, a Tijuana, en los límites con Estados Unidos, cruzando unos tres mil 500 kilómetros de distancia. Hoy el tren ya no circula debido a que sus vías quedaron deterioradas por el paso del huracán Stan.

“Esta situación no va a doblegarme. Voy a ir, de todas maneras, a Estados Unidos y así tenga que andar en sillas de ruedas trabajaré para darle a mis hijos un mejor nivel de vida”, afirma desde el Albergue “Jesús del Buen Pastor”, ubicado en la periferia de la ciudad mexicana de Tapachula.

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El director del centro humanitario, Donald Antonio Ramírez Espinal, un ciudadano de Honduras, de 26 años de edad, otra víctima de la “Bestia de acero” como llaman los indocumentados centroamericanos al tren, asegura que es en estas condiciones cuando realmente se valora la vida y las personas se acercan a Dios.

El albergue, de paupérrimas condiciones, de techo de lámina y con un calor infernal, estaba -al momento de realizar este informe- lleno y la presidenta de esa institución humanitaria, Olga Sánchez, lleva por dentro su propio drama. Padece desde la niñez una enfermedad gastrointestinal y a pesar de su enfermedad busca ayuda para los amputados.

“He visto la necesidad, el dolor y muchos me dicen: no se vaya, no me deje morir. Diariamente recogemos a 30 ó 40 personas amputadas, que sobreviven gracias a la ayuda de Médicos Sin Fronteras u organizaciones caritativas de Canadá que envían sillas de ruedas, muletas o de personas que regalan ropa usada y alimentos”, afirma esta mujer a quienes algunos comparan con la fallecida Madre Teresa de Calcuta.

El drama de los indocumentados se inicia en sus países de origen en Centroamérica: Honduras, El Salvador y Guatemala, principalmente. Allí viven en precarias condiciones. Trabajan por un sueldo que bordea los tres dólares diarios, insuficientes para alimentarse y pagar vivienda y el desempleo es cada vez más galopante.

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Un éxodo de centroamericanos se realiza diariamente y los ilegales utilizan veredas, las vías del ferrocarril centroamericano y mexicano donde son constantemente asaltados por las pandillas conocidas como “Maras” quienes los despojan de sus pertenencias, dinero y, si se resisten, los ejecutan a balazos o a cuchilladas o arrojándolos del tren en marcha.

Ahora, tras la suspensión de actividades del ferrocarril en la ruta Ciudad Hidalgo-Arriaga, en el estado de Chiapas, debido a la caída de varios puentes, los indocumentados han preferido cambiar de ruta y utilizan la zona de la Mesilla o la Selva, en la misma región del sureste mexicano.

La situación de acoso y violencia a que son sometidos los centroamericanos llevó al gobierno mexicano a formar un grupo especial policial llamado “Beta” que protege a los migrantes pero no los detiene, ya que esa labor corresponde a agentes del Instituto Nacional de Migración.

“A veces pasa que los asaltantes arrojan a los indocumentados desde lo alto de los vagones del tren. En otras ocasiones, los ilegales se duermen por el cansancio y la falta de alimentos y caen a las vías y otros más son asesinados a machetazos al resistirse al ser desvalijados de sus pocas pertenencias”, relató Donald Antonio Ramírez Espinal, quien así recuerda lo sucedido en la época de pujanza del ferrocarril.

La vida, según este hondureño que se quedó a vivir en Tapachula para ayudar a otras personas en desgracia “no está en Estados Unidos, sino en la casa, con la familia y en nuestros países que, aunque pobres, son nuestra tierra, la cuna de nuestras esperanzas, de nuestras tradiciones”.

“Yo fui un hombre soberbio, orgulloso. He robado, tengo cinco hijos con tres mujeres y mi deseo era irme a Virginia (Estados Unidos), pero mi vida cambio al perder la vida. Ahora valoro ese hálito de vida que Dios me ha dado, esa oportunidad de seguir viviendo, aunque sea sin piernas”, afirma Donald desde la puerta de acceso del centro humanitario “Jesús del Buen Pastor”.

La frontera sur mexicana es, para muchos centroamericanos, la puerta de entrada al “infierno” donde ingresan unas 22 mil personas extranjeras anualmente. Tapachula está situada en Chiapas, estado que colinda con Guatemala a lo largo de 660 kilómetros y que es delimitado por los ríos Suchiate y Usumacinta.

Datos del Instituto Nacional de Migración establecen que los migrantes prefieren al ferrocarril como el transporte que habrá de llevarlos a la frontera con Estados Unidos aunque algunos no tengan la suerte de llegar allá y se queden sin brazos o piernas o, en el peor de los casos, pierdan la vida.

La crisis económica, la falta de oportunidades y el desempleo en Centroamérica son las causas que motivan al masivo éxodo centroamericano y pese a la vigilancia de agentes migratorios y soldados mexicanos, los indocumentados cruzan a nado el río Suchiate o en balsas, construidas con madera que son colocadas sobre llantas de camiones.

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Por la frontera sur son expulsados cada año unos 210 mil centroamericanos. Las mujeres que son echadas de territorio mexicano recalan en la ciudad fronteriza guatemalteca de Tecun Umán donde pasan sus días en bares, dedicándose a la prostitución. Otras más, se quedaban a laborar en el “Bar del tren” a un costado de los andenes del ferrocarril chiapaneco que, por ahora, tiene suspendida sus actividades después de Huracán Stan, que azotó Chiapas.

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En el “Paso el Palenque” de Ciudad Hidalgo un amplio cartel con dos gallos da la bienvenida a los indocumentados, apenas a unos cinco metros de un retén militar, donde los soldados, que resguardan la soberanía nacional mexicana sólo ven pasar a cientos de traficantes de alimentos e indocumentados.

La Mara Salvatrucha 13 (M-13) ofrece, desde la ciudad de Tecun Uman, “garantías” a los indocumentados a cambio de unos tres mil pesos (300 dólares) para ayudarlos a cruzar la frontera y para que no sean hostilizados por otras bandas delincuenciales. Si alguien que cae en sus manos se resiste es ejecutado, asaltado o las mujeres violadas, según quejas recabadas en la Casa del Migrante.

A eso se suma la corrupción policial, ya que si un migrante se resiste a entregar el dinero que lleva es deportado. Los más pobres, los que no tienen dinero que perder, a veces pagan con sus vidas a manos de hordas delincuenciales, pese a la protección que brinda el Grupo Beta en 66 puntos conflictivos.

El diácono Martin Tavares, nacido en la ciudad mexicana de Guadalajara que trabaja en la Parroquia “Señor de las tres caídas” en Tecún Umán (Guatemala) asegura que este lugar es “tierra de nadie”. En ese poblado fronterizo de apenas 150 mil habitantes diariamente se reportan cuatro muertes a manos de la pandillas “Maras salvatruchas”.

Salvador Morales González, encargado de la limpieza del panteón asegura que ya no hay espacios para más cadáveres. Entre el 2003 y el 2004 se reportaron 250 fallecidos a manos de hordas criminales.

Viaje a la tierra prometida

Lucio Navarro es un hondureño que quiere llegar a Colorado (Estados Unidos) para poner tejas en las casas. Mientras analiza cómo viajar recuerda que dejó en Honduras a su esposa Melisa Acosta y a sus hijas Elsa y Sandra.

Lo acompaña Santos Florian Venegas, otro hondureño que viaja a Estados Unidos para emplearse como ayudante de albañilería. “Soy huérfano, dejo un hermano Arturín Florian. Dejo mi país porque no hay nada allá. Lo que venga ya es ganancia. Voy a buscar una mejor vida porque en nuestro país no hay trabajo, hay mucha pobreza”, manifestó.

Oscar Alexander Hernández es un joven hondureño que luce nervioso. Esconde su dinero dentro de un preservativo color rojo. Hizo una pequeña bolita que da la apariencia de un chicle bajo la lengua. “Si alguien me asalta me trago esto y después lo recupero al ir al baño”, narra en una apagara sonrisa.

“No tengo meta a donde llegar. En Honduras se queda mi mamá. Llevo cinco días de viaje, tenemos cinco días sin dormir. Usamos la ruta de San Pedro Sula, Honduras; Guatemala, Ciudad Hidalgo y Tapachula. Nos venimos en combi, pero se que voy a salir adelante”, dice mientras sonríe nervioso.

José Hernán Oliva Girón (22 años) es originario de Santa Bárbara (Honduras) y se va a Estados Unidos “porque en mi país el dinero no vale. Hay mucha pobreza. No traigo dinero, lo que tenía me lo quitó un oficial del Ejército mexicano. Ahora pediremos que nos regalen comida y vamos a la buena de Dios”.

Wilmer Mauricio Hernández (26) originario de Ocotepeque (Honduras) trabajaba en su tierra como ayudante de albañil y ganaba unos tres dólares por todo el día. Hoy va a Virginia, Estados Unidos, donde un familiar lo va a recibir. Deja en su país a la nostalgia, su principal compañera y a su madre, que no estaba de acuerdo con el viaje.

Recolectores de basura: pobres entre los pobres

Samuel Méndez, es un campesino de 50 años, originario de Tajumulco, Guatemala, que se vino a México con el hambre y la pobreza a cuestas. Se dedica diariamente a recoger botellas de vidrio y plásticos en un basurero de las afueras de Tapachula (Chiapas) y gana, junto con un ejército de niños, apenas 50 pesos (cinco dólares).

Nubes de moscas y aves carroñeras, conocidas como “zopilotes” y un olor nauseabundo inundan el ambiente donde Samuel y los menores Pablo, Raúl, Santos y María Méndez, hurgan en el basural.

Después de 12 horas de trabajo, de sol a sol, de cortarse, ocasionalmente, las manos, todos logran juntar desperdicios de plásticos y botellas por el que recibirán un pago de 50 pesos, que apenas les servirá para matar el hambre. Y así sucesivamente todos los días, hasta que la suerte les depare un mejor horizonte.

“Estamos muy fregados, la cosa está peor en nuestros países que acá. Los gobiernos no apoyan a los pobres”, afirma Samuel Méndez al indicar que en el campo está muy barato el maíz, ya que una lata de 20 kilos apenas la pagan a 25 pesos (2.5 dólares).

S.O.S PARA LOS NIÑOS

Faustino López Cruz y María Norma Hernández Martínez, son dos profesores que dirigen el albergue “Niños del Futuro, el Buen Samaritano”, en la calle Ixtapalapa 36, en la colonia Azteca de Tapachula Chiapas y bajo el lema “Sirviendo con el corazón” atienden a menores que han sufrido abandono, maltrato, violencia o que sus padres, en su mayoría ilegales, están recluidos en una cárcel.

Niños de Guatemala, El Salvador, Honduras y de México son acogidos por esta organización y de ello lo atestigua desde un penal de mujeres Carolina Solar Hernández, madre de la menor Lupita Matus Solar. Esta recibe ayuda psicológica, alimentación, asiste a la escuela y los fines de semana visita a su madre.

Xóchilt Ríos Prado, de 33 años de edad, es una poetisa que se hace llamar “Tábata”, madre de José Antonio Esquipulas Ríos, quien dice que su hijo hoy vive en mejores condiciones gracias a la ayuda de Faustino y María Norma. Ella -que purga una condena de cuatro años por extorsión- en reciprocidad a la ayuda para su menor escribe poesías, pinta cuadros, hace juguetes.

Elsa Simón, directora del programa “Por la superación de la mujer”, un organismo no gubernamental, encargado de apoyar a niñas y mujeres centroamericanas que padezcan violencia intrafamiliar dice que hay mucho maltrato hacia las mujeres centroamericanas. “Aquí les damos afecto, que sientan que las amamos y les damos ayuda psicológica”.

Mujeres violentadas por la policía migratoria o bandas delincuenciales hayan en ese sitio, ubicado en el fraccionamiento Los Laureles de Tapachula un remanso de paz. 300 mujeres ya han regularizado su situación migratoria; 16 han sido rescatadas de la prostitución y 280 fueron sacadas de la espiral de la violencia.

“La violencia no respeta el ámbito familiar, socioeconómico ni intelectual. A ello sumamos que hay una mafia de explotación de cinco mil niños centroamericanos llamados `canguros´y que se dedican a vender dulces, chicles y drogas, presionados por sus protectores”, afirmó Elsa Simón Ortega, quien asegura que para ayudarse económicamente han instalado una fábrica de tortillas.

Morir de hambre, desempleado, acribillado de un balazo o arrojado desde lo alto de un vagón de ferrocarril forma parte del drama cotidiano de los migrantes. Estos se resisten y sobreviven en su paso por la frontera caliente mexicana a expensas de que en Estados Unidos concretarán el sueño americano y se arraigarán al país de los billetes verdes.

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4 Comments

  1. HORACION EN SILENCIO
    Una niña de tan solo 2 anos de edad hora en silencio y acaricia al cristo de los inmigrantes ¿qué le preguntara a tan corta edad? Ella como otros niños nacidos en EE.UU. sufren las consecuencias de estas leyes ante inmigrantes que destruyen sus hogares y separan a sus padres enviándolos a sus países de origen .“deportación” . Se imagina usted que a de pasar en sus mentes de esos pequeños niños ¿qué sentimientos de dolor y de impunidad han de expresar a si a su nacion que los vio nacer en territorio americano .Y el privilegio de ser ciudadano americano y no tener ni voz ni voto ni como defender a su propios padres por no tener documentos legales para vivir en los EE. UU Yo me pregunto tengo algun derecho como ciudadano americano si lo tengo porque no se a respetado o simple mente es un decir que soy nacido aquí en que me garantiza mi futuro en esta nacion lejos de mis padres , Porque la solución no es destruir familias sino al contrario como puedo vivir mi infancia sin tantas preocupaciones alrededor de familia que puedo hacer para no sufrir y para que no destruyan mi infancia solo me queda el cosuelo que dios nos mira y que el con el tiempo sanara esta pena tan grande y este dolor que llevo dentro. De mi.
    SALUDOS DESDE CHICAGO IL

  2. Oración al Cristo Inmigrante

    Divino Padre, tú que nos proteges en nuestro largo andar
    Bendice a tus hijos que en busca de una mejor vida
    Recorren temerosos estos caminos.

    Hambrientos de sueños y fatigados de tanto luchar
    Contra las adversidades, la discriminación,
    Las barreras del idioma y la educación
    Danos el valor para salir adelante en las sombras.

    Padre nuestro, tú que abres el camino del inmigrante
    Para que llegue con bien a su destino
    Y que luchas porque cada día sean menos los que sufren
    No nos abandones en esta larga travesía.

    Aleja de nosotros todo pensamiento negativo
    Trae a nuestros hogares unión, paz, amor y
    Compasión por el inmigrante.

    Si algún día logramos superar este dolor
    No nos permitas olvidarlo para que el recuerdo
    De estos amargos días nos ayuden a servir a otros
    Que en esos momentos pasan por lo que nosotros pasamos.

    Cristo tu que en tu tiempo también fuiste inmigrante
    Ayúdanos a seguir tus pasos en tierras extrañas
    Para poder alcanzar la gloria y la vida eterna, amén.

  3. Finalmente alguien como rodrigo se da cuenta de lo que es ser maya y azteca… casi lo mismo. Señores… somos lo mismo… abusados del imperio y tenemos que recuperar lo que es nuestros, amigos mexicanos… a los centroamericanos no nos frenen cuando pasemos por su hermoso pais.

  4. ola saben me da gusto k se atrevan a exponer este tipo de temas que son de interes general y creo que deberia ser para todos los mexicanos, que nos concieciaramos ya que todos los latinos sufrimos de la gran carestia economica y de alguna forma deberiamos de apoyarnos en ves de saquearnos entre sí, que es lo que hacen los que viven en mejores condiciones en los municipios de chiapas, por ejemplo: tapachula que es donde se vive mucha injusticia para los centroamericanos.

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