EL PODER Y EL EXILIO ALEJARON A FUJIMORI DE SU FAMILIA

Por José Luis Castillejos Ambrocio

Lima.- Las matemáticas unieron a Alberto Fujimori y a Susana Shizuko Higuchi en 1974, cuando ambos estudiaban esa ciencia, pero las cuentas que ella pidió sobre las donaciones japonesas al gobierno de su esposo los separaron 20 años después.

En 1994, Fujimori era presidente de Perú y Susana Shizuko (nombre que en japonés significa “tranquilidad”) la primera dama del país, y fue ese año cuando ese matrimonio de dos décadas se fracturó luego de que ella lo acusara de corrupto, dictatorial y autoritario.

Sin pensar en sus cuatro hijos (Keiko Sofía, Hiro Alberto, Sachi arcela y Kenyi Gerardo), Fujimori echó una baldosa sobre su matrimonio al ordenar que las oficinas de Higuchi fueran soldadas y que su acceso fuera impedido a la residencia oficial.

Practicante del judo y del karate y diestro en la técnica del judoka -dar la cara ante la arremetida de un rival-, Fujimori ganaba cada año más poder, pero, de manera paradójica, lo hacia en detrimento de su familia.

Fujimori, hoy bajo arresto en Santiago de Chile y requerido en extradición por el gobierno de Perú, derrotó en las elecciones presidenciales de 1990 al laureado escritor Mario Vargas Llosa con su sólo prestigio de hombre honrado, laborioso e inteligente.

Su trayecto al poder lo realizó del brazo de su entonces esposa, quien cuatro años después, al descubrir supuestas desviaciones de ropa japonesa por parte de Rosa Fujimori, hermana del ex gobernante peruano, decidió romper su vínculo.

La debacle al interior de la familia se produjo de inmediato al calificar Fujimori a su esposa de “desleal”, “inestable” y “opositora recalcitrante”.

De frágil apariencia, Susana Higuchi contó hace años a Notimex que Fujimori era un hombre tímido, pero “muy tierno” y dijo que, además de su esposo, era su confidente, su amigo y su asesor.

Recordó que su primer punto de unión fueron las matemáticas, materia que él impartía desde 1962 en la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Agraria de la Molina, mientras ella tenía un gran dominio de esa ciencia como buena ingeniera civil.

En 1974, cuando los dos personajes se casaron, todo era felicidad, según cuentan algunos allegados, pero la hostilidad entre ellos vendría cuando Fujimori llegó al poder y optó por rodearse de un grupo de amigos y excluyó a su mujer.

“El 10 de junio a las tres de la tarde (de 1990, cuando Alberto Fujimori juramentó como presidente de Perú) todo cambió de blanco a negro”, señaló en una entrevista Susana Higuchi, quien afirmó que el principal punto de conflicto fue que la marginó del poder y de su
vida.

“El era un hombre íntegro, honrado, transparente, más comunicativo, hogareño; influencias extrañas hicieron que cambiara”, aseveró.

Según la escritora y periodista Sally Bowen -británica de nacimiento, pero con profundos vínculos con Perú-, ella nunca era tomada en serio por Fujimori en su papel de primera dama de Perú.

Bowen señaló que un asesor presidencial bromeó sobre cómo el entonces presidente actuaba en forma atenta y cortés frente a su esposa, tomaba nota de sus planes y sugerencias y luego, una vez que se marchaba, arrojaba los apuntes al basurero.

Semanas antes del autogolpe de Estado que perpetró Fujimori el 5 de abril de 1992, Susana Higuchi permaneció como virtual prisionera en el denominado “Pentagonito”, sede del cuartel general del Ejército localizada en el distrito de San Borja en esta capital.

Ella contó que para ocultarle el autogolpe que se avecinaba, su entonces marido ordenó que la llevaran al “Pentagonito”.

“Me silenciaron en esa ocasión, porque si me hubiera enterado armo la revolución”, afirmó.

En 1996, una Sala Civil de Lima declaró procedente el pedido de divorcio de Fujimori y un magistrado disolvió el vínculo matrimonial, y dispuso que el régimen de los bienes y la tenencia de los hijos se regulara por un acuerdo entre las partes.

Los cuatro hijos del matrimonio se quedaron a vivir con el padre en la residencia oficial y ella denunció que su ex esposo intentó por todos los medios separarla de ellos.

“Los llamaba por teléfono todos los días y me negaba la comunicación con ellos. No podía ir a verlos. ¨Cómo cuantificar el cariño de mis hijos en la etapa de la adolescencia?”, dijo en una entrevista.

De acuerdo con Susana Higuchi, la situación cambió con los años y con la partida del ex mandatario al exilio, en noviembre de 2000, y ahora “felizmente con los cuatro (hijos) tengo una buena relación, a Dios gracias”.

De esa forma “se cumple felizmente un dicho: la mentira no tiene patas, y la verdad tarde o temprano la alcanza”, dijo hace dos años.

Susana Higuchi, quien es congresista, se resiste ahora a hablar de su ex marido, quien vivió un autoexilio de cinco años en Japón, donde se hizo novio de la empresaria japonesa Satomi Kataoka, quien reveló que la soledad del ex presidente era tal que “daba pena”.

Los hijos de la pareja comenzaron a buscar sus propios caminos desde que Fujimori era presidente: Keiko Sofía viajó a Estados Unidos a realizar un posgrado y ahora es congresista de la República, Hiro Alberto se graduó de ingeniero mecánico y se fue a vivir a Japón, donde trabaja hasta la fecha.

Por su parte, Sachi Marcela estudió arquitectura y Kenyi Gerardo veterinaria, ambos en Estados Unidos.

Hiro Alberto radica en Japón, pero mientras su padre estuvo allá nunca vivieron juntos.

En una entrevista con Notimex, Fujimori comentó hace algunos años que tenía buenas relaciones con sus hijos, y dijo que todos los días intercambiaba con ellos correos electrónicos.

“En ocasiones nos poníamos a resolver problemas de matemáticas u otras materias cuando mi hijo (Kenyi) tenía algo complicado. La relación con ellos es buena”, dijo Fujimori, quien recordó al menor de sus vástagos y su favorito, según allegados.

La ex primera dama peruana e hija del ex gobernante, Keiko Sofía, se casó en Lima en una Iglesia católica y la entregó su hermano Hiro Alberto, el mayor de los dos varones.

Poca gente en Perú quiere hablar de ellos y nadie quiere opinar sobre lo que ha ocurrido en el núcleo familiar, que terminó por disgregarse durante los años de poder y exilio, en lo que ha sido quizás el mayor precio que ha pagado el ex presidente.

Un antropólogo y graduado en ciencias sociales dijo recientemente “aunque no hay una cercanía física, sí existe un nexo emocional” en esa atípica familia cuyos padres son enconados adversarios políticos.

Fujimori, desde el lugar de su arresto domiciliario en quizás evoque aquellos gratos momentos familiares cuando aún jugaba con sus hijos, conducía un tractor y sonreía con la música de “El chino”.

El tiempo y las circunstancias, sin embargo, le jugaron una mala pasada. Aquellos gratos momentos nunca volverán y solo será un gris recuerdo en su memoria.

joseluiscastillejos@gmail.com

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