UN AFILADOR DE CUCHILLOS EN LA CIUDAD

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Desde el siglo XIX continúa caminando la calle y en algunos casos el paso del tiempo ha cambiado la figura de un oficio digno.

‘’El Afilador” del famoso pintor español Goya nos da una idea de la data del oficio y en pleno siglo XXI el monumento en Ourense Galicia ‘’La tierra de la chispa” y en Esgos ‘’Tierra por excelencia de los míticos afiladores” y las exposiciones del museo de la cuchillería en Albacete, también en España, nos recuerdan que los afiladores de cuchillos todavía son actores de la ciudad de países hispanos.

Hoy la rueda de piedra llamada esmeril, conectadas a las fajillas con los soportes de varas de madera de dimensiones menos aparatosas, ahora, algunas adaptadas a una bicicleta, caminan como una extensión del brazo del afilador que grita ‘’aquí estoy” cuando la silbatina sale de las delgadas cañas que sopla su conductor listo a presionar el pedal para girar la rueda.

En Sudamérica, por el incremento de la violencia en las calles, las personas se han puesto más desconfiadas con los trabajadores ambulantes, por ejemplo en Perú, los que ofrecen sus servicios o productos, tal como los gasfiteros, reparadores de asas para ollas, los vendedores de tamales o los mismos afiladores de cuchillos han resultado cómplices‘’campanas” o ejecutores de robos.

Aquellos impostores de oficios que tienen alrededor de 200 años o los que han aprendido el culto del dinero tanto o más como la religión que actúan los domingos desconocen lo entrañable de oficios que han sido testigos de la época virreinal y la república.

En la búsqueda por querer rescatar la cultura de las calles de Lima, tropecé con Walter, un afilador de cuchillos, natural de Huancavelica, departamento localizado al sur este de la capital peruana, que recorre las calles de Miraflores. Él no representa a otros afiladores con los que alguna vez pude conversar, tan diferente a un viejo afilador amable que caminaba por las calles de Magdalena abierto a la conversa de barrio.

Walter, por afilar cuchillos cobra de uno a tres soles según el tamaño y toma de dos a tres minutos tenerlo afilado, pero cuando le dije que precisaba tomarle un par de fotos, me dijo que eran 20 soles. Luego, me lo rebajó a 15, pero como vio que me pareció un abuso, me preguntó ¿cuánto quiere pagar? Le respondí lo que le dije desde el principio, que no era para ningún medio de un poderoso conglomerado de radio o tv. y que no lucraría con eso y que el fotógrafo profesional cobraba por foto dos soles. Yo tenía siete soles para pagarle, bueno pero el replicó que no se dejaría tomar las fotos por menos de 10 soles.

Como no tenía cámara fotográfica, le pedí que fuésemos a cuatro cuadras de donde nos encontrábamos para que le tomasen dos fotos y que en el camino le haría unas breves preguntas sobre su oficio. Quedamos que una sería un acercamiento de la piedra afiladora y otro sería de él caminando con su máquina y llamando con la silbatina, pero en la puerta del establecimiento dijo que no tenía la silbatina y que ‘’no le permitían usarla en la ciudad”. Sólo le pregunté ¿por cuánto más lo quiere hacer?, respiré hondo y le pagué los diez soles del trato y se fue. A Walter, el afilador, le tomó 6 minutos en total el trabajo encargado.

Me apenó que al salir del establecimiento, escuchara la silbatina, entonces me acerqué a decirle que había actuado mal, porque si se trataba de dinero, en el camino, el vendedor de una tienda de antigüedades le pidió que regrese por un servicio, él me respondió juntando su puño con la palma de la mano en ademán de ‘’falta dinero” y dijo ‘’no, pues no, no me conviene”. Este hombre se contradijo cuando en un momento sostuvo que trabajaba sólo a pedido pues cuando yo lo conocí, él tocaba su silbatina y afirmó que siempre caminaba por esa zona.

Oros oficios entrañables

En el Parque Kennedy de Miraflores sobreviven el ‘’la cajita del monito de la suerte” y el fotógrafo con su vieja máquina que me recuerdan el contacto humano con migrantes de la sierra, en su mayoría de veces, alegres, sencillos y con la pureza de la gente del campo que enamora a los de la ciudad que vivimos con tanta contaminación de todo tipo.

La Ciudad de México también alberga algunos oficios en extinción como el organillero y el boticario. Pedro Arenas Díaz y Alfonso Taboada Martinez, en entrevista con Rafael Estefanía de la agencia inglesa BBC cuentan amablemente que han dedicado su vida a sus oficios. Alfonso habla de los polvos para los enamorados ‘’mejunje para conquistar al ser deseado” y un ungüento llamado ‘’soldado” para piojos y ladillas.

El avance de la tecnología y la reorganización urbana eliminará lugares caóticos como la cachina donde fabrican las máquinas afiladoras y relegará a oficios tradicionales como los afiladores de cuchillos que aprendieron el oficio de la familia y que lo realizan por más de 20 años compitiendo con máquinas modernas pero ellos dicen que son mejores y colegas como el boliviano Ángel Huanca, residente en Chile, así lo comparte en una entrevista al portal Estrella de Arica. Por su parte José García, afilador español de la nueva generación que usa su carro para transportar su piedra afiladora y la batería de su vehículo para hacerla funcionar, en el portal español 20 minutos, comenta que los afiladores mayores se están retirando y los jóvenes como él ya no quieren dedicarse al oficio.

Depende de nosotros, los seres humanos, recordar que los nuevos aparatos de la modernidad son un medio, no un fin, al punto de la deshumanización, a pesar que las personas a veces nos defrauden y que concluyamos que una máquina es mejor, siempre habrá un viejo amable que cuente cómo hemos cambiado y como la internet, por ejemplo, no debe ser satanizada por ciertos contenidos porque el ciber espacio es un mundo y adentro y afuera hay de todo. Siempre dependerá de nosotros darle el mejor uso a las herramientas que tengamos para crecer de adentro hacia fuera.

Y aún en el futuro, con otros trajes y otros problemas por resolver, por nuestra salud espiritual y en favor de nuestra creatividad, debemos soñar con historias de la abuela ‘’Cada vez que oigas el sonido del pitillo musical del afilador de cuchillos, atrapa del aire aquel sonido antes que ninguno y guárdalo en tus bolsillos y verás que la suerte llevarás siempre”. Claudia Chávez

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3 Comments

  1. Muy buena crónica.Imagen fiel de vivencias perdidas en el progreso indefinido de lo que se bautizó como globalización. En Argentina sucedé lo mismo José; permanecen afiladores en zonas o ciudades que conservan cierto romanticismo, cierta conservación con lo tradicional. Me gusta que el blog rompe con una agenda de noticias de los grandes medios, que difunde aquellos que no vende y que está en vías de extinción por la misma indiferencia mediática pregonando a rajatabla el lema del progreso. Espero tu visita y comentario con ansia josé.abrazo

  2. Me gusto mucho su cronica profesor castillejos por la conbinacion de la parte historica con parte literaria, y la manera que proyecta la imagen del afilador de cuchillos.

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