Niña de nueve años, la máxima atracción de la Feria del Libro

Por José Luis Castillejos Ambrocio (Agencia Notimex)

Lima, Perú.- Aburrida de los cuentos comunes sobre animales, hadas y caperucitas, María Valentina Verruso González, de apenas nueve años de edad, hizo sus propias historias y debutó con éxito en la 12 Feria Internacional del Libro.

“En realidad fueron varias cosas las que me motivaron a escribir el libro El Patito Filiberto y otros cuentos. Sucede que lo que me contaban no me gustaba y cambié toda la historia”, señaló la niña en entrevista.

El auditorio de la FIL, por donde han desfilado grandes escritores latinoamericanos, fue abarrotado la noche del domingo para escuchar la literatura infantil de Verruso González, una niña nacida en Asunción, Paraguay, y radicada en Lima.

“Sólo cuando cambié la forma (_), el contenido de todas las historias me empezó a gustar y decidí hacer el libro”, manifestó la niña que atrajo más público infantil que cualquier otro consagrado escritor latinoamericano.

María Valentina tiene apenas nueve años, el cabello dorado, los ojos celestes y una profunda convicción de que el futuro de los niños está en la lectura.

Entrevistada para Notimex luego de que autografiara su libro -ilustrado por Lucho Chumpitazi- en el stand del Fondo de Cultura Económica de México, Verruso González, quien ve todo con alma infantil, recomendó a los de su generación a descubrir el mundo con la lectura.

“Recomiendo a los niños que lean mucho porque los libros te enseñan y te hacen sentir cosas buenas. Hay otras obras bonitas para leer en la noche o para todo momento”, manifestó.

La pequeña, quien cerró con broche de oro la 12 Feria Internacional del Libro al presentar su obra, fue felicitada por el escritor peruano Alonso Cueto, ganador de la 23 edición del Premio Herralde de Novela, por La hora azul.

“Es maravilloso lo que haces. Sigue adelante”, le dijo Cueto, autor de 12 libros de narrativa, entre cuentos y novelas.

Habiendo aprendido que todo niño es un sujeto de derechos y es una persona humana digna de amor, respeto, comprensión y protección, Verruso González reflejó en sus cuentos una convivencia fructífera y positiva entre la literatura infantil y los derechos del menor.

En el libro El patito Filiberto y otros cuentos se plantean los derechos a la identidad en el tema La casita del indio a la salud (Mi abuelita la glotona), al juego (El esquimal), a la familia (El gusano travieso) y muchos más.

En un principio sus padres fueron sus cómplices en esta aventura cuando le leían los cuentos pero ahora, dijo, “leo sola desde libros de documentales, que me enseñan otras cosas o libros que tienen información para mi escuela, en francés o inglés”.

Uno de sus proyectos, según adelantó, es escribir un libro con haikus (una de las formas de poesía tradicional japonesa más extendidas) “porque son cortos y fáciles de entender”.

Pero confesó que, por el momento, no admira a ningún poeta aunque dijo que buscará leer al chileno Pablo Neruda.

María Valentina confesó que le gusta juntar ideas, palabras, ritmos y los sonidos para construir un mundo mágico que le facilite a los niños el aprendizaje de la lectura.

El crítico literario Santiago Caballero, de la Cámara Peruana del Libro, al analizar la obra de Verruso González, dijo que la niña no intenta “enseñar” o imponer una lección o una ideología, sino, más bien, presenta una invitación a encontrar un mundo mágico.

“María Valentina nos recuerda que a veces en un cuento lo más importante es, precisamente, contar una historia, como en el cuento El perrito pintor, en el que para el protagonista un arco de color toma la forma de una casa con jardín, un lago y un sol”.

De pronto ese mundo es amenazado por un duende incoloro quien con un enojo propio de un Dios mitológico arranca del jardín las flores y las hojas de los árboles, apagó el sol y se bebió el lago.

Es allí cuando la niña narradora y su protagonista deslumbran con una respuesta: “si quieres colores -le dice al perrito pintor- no hace falta que te comas mis dibujos y sus matices”.

“Con la ayuda de mis lápices es más fácil. Si me pides por favor, yo te puedo pintar una sonrisa fraterna, una casa y un papá”, relata la pequeña escritora en su obra.

Notimex

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