Los mayas empiezan a aflorar los “amores apagados”

La poesía Maya rompe el silencio, el temor y el horror de la conquista, el espanto y el pecado.

Por José Luis Castillejos Ambrocio *

Desde las profundidades de la selva, en las cañadas por donde discurren venas de agua, hasta la Costa Sur y el altiplano guatemalteco, donde se mecen los maizales, los indígenas Mayas empiezan a aflorar los amores apagados a través de la poesía, el barro, la madera tallada, las telas y los ponchos.

Humberto Ak´abal, que nació arropado por la tradición oral del mundo indígena nutre su poesía en la cultura Maya, en su cosmovisión, los cantos de los pájaros, el hamaqueo de los árboles, el destello del relámpago, la lejanía de los cerros y el mecapal.

Nacido en Momostenango en 1952, en el occidental departamento de Totonicapán, Humberto es un indígena que habla Kíche y que se vino a la ciudad sin que su pueblo se le desprendiera de la piel.

Bajito, de mirada tímida, lacio el cabello, cetrino el rostro y la nariz aguileña, este hombre pertenece a una estirpe de poetas que antes y después de la invasión española no tenían otra cosa en mente que poner su canto al servicio del pueblo. “Pido la palabra, la quiero en mi propia lengua”, dice el poeta.

“La invasión destronó nuestros espantos, pero nos trajeron otros que se llaman pecado. Por eso la gente ahora inconscientemente se vuelve protestante; es una especie de rebeldía hacia el catolicismo y hacia muchas cosas que nos laceran el alma”, afirma en entrevista con Notimex.

Y defiende a sus siete millones de hermanos: “somos rebeldes y exigimos respeto a nuestras tradiciones porque buscamos recuperar el terreno perdido en los últimos años que nos han traído conflictos y profundas divisiones”.

Como una cascada se despeñan sus palabras. El poeta entrelaza los dedos, sacude sus manos, las agita y enfatiza, verso a verso, que “Las lomas, los cerros, los barrancos, los pueblos viejos tienen secretos encantadores” y de allí su deseo de sacarlos a pasear en hojas de papel.

Autor de los libros “El animalero” y “El Guardián de la caída de agua”, Ak´abal, cuyo apellido en maya-quiché significa “amanecer” recuerda que de niño fue un sencillo pastor, un “patojo” ponchero (tejedor de cobertores).

Su poesía abarca dos aspectos fundamentales: la comunión del indio con la naturaleza y la vida cotidiana.

En la poesía de Ak´abal están presentes los árboles, las tempestades, los truenos, el arcoiris, la alegría y el amor y la forma cómo un pájaro enamora a su hembra y como se despeña, cerro abajo, el agua fría que brota de las montañas.

El poeta que dejó el pastoreo, la tejida y venta de ponchos cargó con los conocimientos de su abuelo Tomás Ak´abal, quien se regía por el calendario ceremonial Maya de 260 días, que lo mismo sirve para programar las siembras que para fijar las fechas de matrimonios entre los indígenas.

Receptor de las tradiciones orales de los sacerdotes Mayas e influenciado por sus abuelos paternos, que tuvieron a fines del siglo pasado la marimba familiar “Los Ak´abales”, Humberto escribe en lengua Quiché, pero traduce sus poemas al español.

“Siento la poesía en mi lengua materna, el Quiché, pero luego la universalizo. Eso tiene una doble ventaja: hablo como el resto de mis hermanos para después infiltrarme entre quienes lo hacen en castellano”, afirma.

Conocedor de la poesía china, japonesa, inglesa, árabe, americana, mexicana y de la literatura india, el poeta dice que ha salido de su mundo, ha dejado su gente y su pueblo para llevar a la ciudad lo que pasa detrás de los cerros y en las profundas montañas guatemaltecas.

“Los indígenas tenemos muchos puntos de referencia como son los cerros. Cuando vemos un relámpago detrás de U-muxus Tinamit (ombligo del pueblo) sabemos que la lluvia está a dos o tres días de distancia, pero si el fenómeno se presenta en el cerro Tamancu, los aguaceros se retrasarán un mes”, explica.

Y es que todo está relacionado con el entorno, algunos cerros sólo son ceremoniales, sagrados, puntos de partida o ángulos para comprender la naturaleza.

Humberto Ak´abal se lamenta que muchos de sus hermanos indígenas, influenciados por el alcohol, la radio, y la televisión, adopte manías, costumbres foráneas y estén perdiendo su identidad.

Miles de indígena guatemaltecos que abandonaron el surco, sus siembras, sus aldeas, sus animalitos se van a la ciudad, donde empiezan a ser absorbidos por el atractivo falso de la modernidad.

Y al rescate de los valores Mayas, Humberto recurre a la poesía, sin perder su identidad. “Debemos luchar contra la influencia religiosa que se registra tierra adentro en donde la gente no está definida porque no sabe lo que está haciendo”, enfatiza.

“El indio se invierte en la religión antes que esta lo revierta; más bien busca un refugio ya que en los más de 500 años de conquista no ha sido tomado en cuenta”.

Con dolor recuerda cuando un crítico de arte le dijo: “No escriba indiadas”. Años después los poemas groseramente criticados son leídos en Guatemala y varios países de Europa. De esa forma, los indígenas que eran silenciosos, callados empezaron, a través de Ak´abal a romper el temor, el cerco citadino.

“Somos unos cuantos los que estamos empezando a hablar; otros lo hacen en sus actividades cotidianas como la siembra del maíz, la alfarería, la fabricación de ollas y alcancías en formas de tecolotes (búhos), pájaros, puercos y conejos”, refiere.

Mi poesía viene del barro, de la vida del campo, del callado discurso indio, de la borrachera indígena, del colorido huipil, del tiempo y del silencio o del quejido de la mujer al parir o moler el

maíz-

Se que la poesía es la forma más bella de morirse de hambre, la más triste para limosnear un recuerdo, la más pobre entre la miseria. “Hacer poesía es acuchillarse verso a verso por amor a la vida”.

El poeta describe la tristeza como “pedazos” que no huelen a nada y en su poema “Y nadie nos ve” señala:

La llama de nuestra sangre arde,

Inapagable a pesar del viento de los siglos.

Callados, canto ahogado/

Miseria con alma, tristeza acorralada.

Ay, quiero llorar a gritos.

El poeta se queja que las tierras que les dejan los ladinos son las laderas, las pendientes, que los aguaceros lavan poco a poco y la arrastran a las planadas, “que ya no son de nosotros”.

“Aquí estamos, parados a la orilla de los caminos, con la mirada rota por una lágrima… Y nadie nos ve”.

Y en su poema Lejanía resume lo que pasa en Guatemala: En este país pequeño todo queda lejos: la comida, las letras, la ropa.

Ak´abal con un dejo de tristeza afirma a Notimex: “Mis versos tienen la humedad de la lluvia o las lágrimas del sereno y no pueden ser sino así, porque han sido traídos de la montaña, en donde para nosotros los indios el cielo termina donde comienza el mecapal”.

(Guatemala 1993)

(*) Periodista mexicano

Copyright © José Luis Castillejos-Notimex 2004


Anuncios

2 Comments

  1. Te felicito de todo corazón y te admiro muchsimo, ya existe muy poca gente con el corazón tan grade.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s