Esclavas de este siglo

Niñas centroamericanas son vendidas en Guatemala por entre 100y 200 dólares (Casa Alianza)

Niñas y mujeres de entre 12 y 40 años son sacadas ilegalmente de El Salvador con la promesa de trabajar como domésticas o como niñeras en Guatemala; sin embargo, se convierten en víctimas de una cruel explotación sexual que las mantiene prisioneras.

Cada año aproximadamente cuatro millones de mujeres y niñas son compradas y vendidas mundialmente con el objeto de forzarlas a la prostitución, a la esclavitud o al matrimonio, según la ONU.

“Aquí quien manda es la mafia, los narcos”, dice Carmen, salvadoreña de 38 años, 26 de los cuales ha estado sumida en un mundo de explotación sexual, drogas y abusos.

“Tengo miedo de morir”, refiere juntando sus manos con nerviosismo. “Es que tengo una amenaza”, añade, y en sus ojos se refleja la angustia de sentirse perseguida por un grupo de narcotraficantes que operan en Tecún Umán, frontera de Guatemala con México.

Ellos han amenazado con matarla si sale de la “Casa de la Mujer”, un albergue donde le brindan protección junto a su hijo recién nacido.
Llegó ahí hace tres meses, luego de vivir la peor de las pesadillas. Su historia parece una película mejicana, de esas donde abundan los traficantes, las drogas y la violencia.

La violencia ha rodeado a esta mujer desde niña, ya que a los once años fue violada por su padrastro, a los 12 su madre la abandonó marchándose a Estados Unidos y dejándola a su suerte. Aprendió a sobrevivir haciendo mandados y limpiando las mesas en un comedor de Ciudad Delgado. Ahí conoció a una señora que le ofreció un mejor salario a cambio de que cuidara a sus hijos en Guatemala. Carmen no dudó y aceptó.

“Bien me acuerdo que me puso una canasta de quesadillas y me pasó como vendedora por la frontera. Nadie me pidió ni papeles ni nada”, rememora con tristeza.

Una vez en Guatemala comenzó el infierno; fue llevada de un bar a otro y obligada a prostituirse, aprendió a fumar marihuana, a ingerir cocaína y hasta “crack”.
No había cumplido ni los 20 años cuando ya tenía 14 clientes por día, la mayoría narcotraficantes que le pagaban el servicio con puñados de “crack” o cocaína.

Carmen no sólo tenía problemas con las drogas, sino también con el alcohol. No podía escapar de ese mundo porque debía dinero tanto a sus proveedores de coca como a las dueñas de los bares.

En esos ires y venires de un bar a otro procreó cuatro hijos; dos le fueron quitados por las familias paternas, una vende su cuerpo en las mismas calles en las que hasta hace unos días Carmen se estaba prostituyendo, y el último, de sólo dos meses, está escondido con ella en el albergue, ajeno a los peligros que acechan a su madre.

Carmen está cansada y marcada por un dolor que apenas soporta; sólo quiere recuperar a sus hijos y regresar a El Salvador, una tierra de donde nunca debió salir.

“La tierra sin ley”

Veintidós horas al día permanece abierto este bar en la ciudad fronteriza de Tecún Umán. Ahí hay 15 mujeres; siete de ellas son salvadoreñas de todas las zonas del país.

El albergue donde Carmen y otras seis mujeres con historias similares a la suya se esconden está ubicado en Tecún Umán, una calurosa ciudad localizada a unos 243 kilómetros al sur de la capital guatemalteca.

Nombrada por muchos “La tierra sin ley” es reconocida por una actividad comercial ilícita. Ahí se trafica con drogas, documentos falsos, mercadería y hasta mujeres y niñas centroamericanas.

“Entre 800 mil y 900 mil personas, en su mayoría mujeres y niños, son víctimas del tráfico de personas en todo el mundo, lo que les condena a vivir prostituidas o esclavizadas”, según el Departamento de Estado de los Estados Unidos.

Uno de los sitios de este drámatico tráfico y comercio humano es precisamente Tecún Umán. Ahí se registran 180 burdeles donde son explotadas mujeres y niñas centroamericanas.

Aunque no hay un porcentaje, al igual que Carmen, un buen número fue llevado hasta ahí engañadas por traficantes que les prometieron trabajos honestos y a cambio las dejaron abandonadas en los burdeles.

Algunas también fueron un día migrantes que luego de haber sido violadas o abandonadas por coyotes no tuvieron otra opción que prostituirse.

Unas pocas todavía conservan la esperanza de marcharse y reúnen dinero para un día continuar el viaje; el resto se ha resignado y desde ahí envían dinero a sus familiares, asegurándoles que están trabajando en Estados Unidos.

“Sólo mi mamá sabe que estoy aquí. La demás gente cree que estoy en Estados Unidos y como le mando como 500 dólares por mes creen que es cierto”, dice Katya, originaria de San Salvador y prostituta en el “Bar Latino”, donde de 15 mujeres, siete son salvadoreñas.

Violencia y abusos

En Tecún Umán los bares se abren de 10 de la mañana a 12 de la noche y algunos las 24 horas del día. Estimaciones de la “Casa de la Mujer” apuntan a que un buen porcentaje —no determinado— es adicto a la marihuana, a la cocaína y al “crack”.

Estas adicciones, además de otras deudas impuestas por las propietarias de los bares, les impiden escapar de ese mundo de violencia y abusos.

Angie, de 26 años, asegura que en un bar cercano a Tecún Umán existía un cuarto de castigo donde eran encerradas por desobediencia.

“Es como un sótano y nos metían cuando no queríamos estar con algunos clientes borrachos o drogados. A las más niñas a cada rato las metían y las golpeaban”, explica.

Las que salen son vigiladas por hombres armados o por las dueñas de los burdeles. “Si el cliente quiere llevarse la muchacha fuera del negocio, ella debe pagar una multa de unos 20 quetzales (unos tres dólares) a la propietaria. Esta le pone una hora de regreso y si se tarda también paga por el retraso”, añade la hermana Consuelo, de la “Casa de la Mujer”.

La explotación sexual no se reduce a Tecún Umán. Muchas de estas niñas y mujeres ya han sido explotadas del lado mexicano, principalmente en Tapachula y Ciudad Hidalgo, donde el consulado salvadoreño calcula que el 90% de las mujeres es centroamericano.

“Las tienen como esclavas. La patrona les compra ropa, perfumes, joyas y las intimida diciéndoles que si salen del pueblo las deportan. Pasan como presas ahorrando para seguir sus caminos o para enviar a sus casas”, dice el cónsul Asdrúbal Aguilar.

Casi nunca logran irse. A Carmen le tomó 20 años escapar; ahora ella es una fugitiva con mucho miedo. Muchas otras quizá también tengan los mismos deseos de regresar a casa, pero la violencia, las amenazas y las adicciones las mantienen presas de ese submundo cruel y doloroso.

“La Casa de la Mujer” es la única institución dedicada a la protección y apoyo a las víctimas de explotación sexual en Tecún Umán.

Dirigida por las Misioneras Oblatas del Santísimo Redentor. En Tecún Umán comenzó a funcionar en 1995 con una casa-hogar, talleres de costura, belleza y elaboración de productos de limpieza, además de asistencia sicológica .

Es una casa abierta donde las mujeres pueden permanecer con sus hijos por períodos que van de tres a seis meses mientras se recuperan .

Cuatro religiosas están a cargo. Todas tienen entrada libre a la mayoría de bares, adonde asisten dos horas diarias a alfabetizar y apoyar a las muchachas.

Por la calidad del trabajo, las hermanas han sufrido numerosas amenazas, de ahí que el hogar esté rodeado por alambre electrificado y por el amparo de Dios, mismo que les ha permitido ayudar sólo en los dos últimos años a 722 mujeres, el 20% de las cuales ya abandonó la prostitución y se gana la vida de otra forma.

¡No caiga en la trampa!

Si usted es una mujer o menor de edad y alguien le ofrece trabajo como doméstica o niñera en Guatemala, pídale primero sus documentos de identificación, verifíquelos y, si es posible, averigüe los antecedentes penales de esta persona.

Pídale la dirección exacta y el teléfono del restaurante, la casa o el comedor donde supuestamente sería empleada y verifíquelos antes de irse.

Si conoce de alguien que en su localidad esté intentando reclutar mujeres o menores ofreciéndoles sospechosos empleos, avise a la la División de Fronteras de la PNC (271-6008) o a la Unidad de Delitos contra Indocumentados de la Fiscalía (288-2060).

Si tiene un familiar trabajando en Guatemala o México, averigüe dónde y cómo se encuentra, ya que podría estar siendo víctima de explotación.

 
 
 

(Revista Hablemos)

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