TIROFIJO, EL GUERRILLERO MÁS ANTIGUO DEL MUNDO

MarulandaMONTAÑAS DEL CAQUETA, Colombia.- Pedro Antonio Marín, bajo el alias de “Manuel Marulanda Vélez” (a) “Tirofijo”, un natural de Macondo, que en la década del 40 decidió optar por las armas es actualmente el guerrillero en actividad más antiguo del mundo y acaso el último ejemplar de una especie en extinción: un romántico que se interna a la selva para ver si un día le toca concretar su utopía.

Tirofijo continúa hoy, a sus 78 años de edad, como comandante general de las Fuerzas Armadas Revolucionarias Colombianas (FARC), con una salud física y mental pero sin saber, de repente, a dónde lo llevará el camino que emprendió.

Se le conoce comúnmente como Tirofijo, por la habilidad, según algunos expertos, para acertar en el blanco al disparar con armas de fuego durante sus días de combatiente aunque también se dice que se lo conoce con este alias por la forma de matar a sus victimas, colocando su arma en la parte superior de la cabeza, disparando siempre en este mismo lugar.

Sin Marulanda, el único interlocutor válido de las FARC para una eventual negociación con el gobierno, la lucha armada de la organización no se sabe a dónde irá a parar.

Manuel Marulanda es para los guerrilleros el referente, la persona ante quien deben responder por lo que hagan, asegura Hernán Vergara en un estudio sobre este mítico personaje. Mientras él viva, hay un interlocutor para el diálogo con las FARC, ya que es la conciencia moral de la organización.

Con Tirofijo, según Vergara, no hay que hablar de la paz porque él sólo dialoga de cosas concretas, de acciones y de resultados claramente preestablecidos, como es la eliminación de un objetivo militar. La paz, en cambio, no es más que una abstracción mental, un deseo colectivo.

Menos aún se debe hablar con él de temas convencionales o convenidos solamente para el adversario de toda su vida, como son el estado de derecho, la sustitución de la lucha armada por la lucha política y otros temas que sólo pueden interesar a un adversario tradicional.

Sólo se debe hablar con él de la vida y solamente de la vida, pero ¡cuidado!, hablar de la vida con el comandante de las Farc puede ser como mencionar la soga en la casa del ahorcado, ya que la organización guerrillera es hoy para muchos colombianos, agentes de la muerte y no inocentes y pacíficos ciudadanos.

Pero, según el analista Hernán Vergara, para hablar de la vida con el comandante Marulanda hay que hacerlo con autoridad moral. Convocar al líder guerrillero al cambio de su actividad por una defensora y promotora de la vida de todos los colombianos es convocarlo a una conversión.

Marulanda es un revolucionario, es alguien que se levantó contra los poderes hegemónicos de un tiempo que es el suyo y el nuestro.

Al invocar la causa de la vida, en lugar de la causa de la paz, Vergara piensa en la vida humana tal como Dios la creó, vida favorecida frente a la del ecosistema por el privilegio de la libertad; vida asociada inevitablemente a ese alto riesgo que es la libertad.

Esa es la vida por la que Marulanda la luchado con la eficacia necesaria para sobrevivir durante más de 40 años a la persecución de todo un establecimiento interesado en eliminarlo. Hoy, el veterano rebelde es el mayor mediador posible de la supervivencia de los propios miembros de las FARC.

Para el comandante Marulanda se abre hoy dos caminos: o poner su gran poderío al servicio de la supervivencia del país o dejar que sigan pasando los días, las semanas, los meses y los años que aún a de vivir aumentando su capacidad de fuego no sólo frente al gobierno, sino frente al país, el cual asiste impotente hechos como la violencia, el desplazamiento y los enfrentamientos armados.

La coyuntura de este momento, según Vergara, está caracterizada porque la autoridad que tiene Marulanda sobre sus 15,000 o 20,000 hombres, no discutida por ninguna de estos, no es transmisible a un sucesor, en caso de que él llegara a faltar, porque no es la autoridad de un cargo burocrático sino la de una vida irrepetible.

Y es que para hablar con las Farc hay que entender que allí hay mucho odio y mucha rabia, pero no por eso son malos. La guerrilla es la expresión de un campesinado al que han golpeado siempre en este país; son además, personas que no han olvidado los tres mil muertos de la Unión Patriótica.

Frente a esas muertes y frente a los discursos de hoy sobre derechos humanos y el respeto a la sociedad civil, las FARC preguntan dónde estaba en ese momento el país que hoy les reclama la afiliación a estos discursos. Y en esa realidad, está la rabia, la rabia campesina.

Las Farc, según la apreciación de Alvaro Jiménez, un colombiano que estudia a este grupo, son campesinos desarraigados, expulsados por la sociedad. No dejados de la mano de Dios, sino maltratados por el Estado y que hoy a la distancia del inicio de su lucha, ya son un poder.

Moritz Ackerman ve a Marulanda como una combinación, ideológicamente hablando, entre Pancho Villa y José Stalin, es decir, entre el agrarista y el comunista.

Esta combinación agrarista y comunista permitió una resolución eficaz que el Estado no ha brindado, que ningún partido ha proporcionado y que ninguna guerrilla intentó, porque eran traslapadas de la democracia que se conoce acá, de la democracia liberal frente a esa democracia plebeya-agraria.

El aspecto stalinista de la combinación viene difuminándose y el comunista viene muriendo. Para decirlo de alguna forma, según Ackerman, Marulanda enterró su trinidad compuesta por la Unión Soviética -el Padre-, el Partido Comunista -su Espíritu Santo- y Jacobo Arenas, otro luchador, -Su mesías-. El está enterrando esa trinidad, lo que pone de relieve el otro aspecto, el agrarista.

Sin embargo, ese agrarista reclama que el sector agrario, no exclusivamente campesino, se inscriba en la sociedad moderna.

Y en esa profunda inteligencia básica e indígena, Marulanda ha descubierto que la economía de la coca es la más globalizadas de todas las economías y logra internacionalizar su programa, no siendo necesariamente él un narcotraficante.

Ese agrarismo nuevo, según el estudioso Ackerman, nos da, por ejemplo, el hecho de que los que antes se llamaban trabajadores temporeros del campo -los recogedores de café, de algodón, de cacao- hoy son básicamente cultivadores y recolectores de coca.

Esa masa temporera fluye por el país y nunca desde 1960, ha sido una masa sedentaria; si se quiere, es una masa trashumante. Esa trashumancia le da una ventaja estratégica a las FARC y es que es que tras esa masa, la guerrilla tiene gran movilidad de sus frentes y gran influencia en los cinturones de miseria de las ciudades, sin que en ningún momento lleguen a ubicarse como una guerrilla de influencia urbana.

En este orden de ideas, esa inscripción internacional les permite ser un interlocutor válido y hoy se entienden como tal ante el Departamento de Estado, ante el propio gobierno de Estados Unidos y ante la Comunidad Europea, es decir, las convierte en actor ineludible en el concierto de naciones.

Por eso es que Marulanda no da entrevistas de prensa, ni le interesa hacerlo. El único concierto al que asiste diariamente es al canto de los grillos y las aves, una constante letanía que le avisa que poco a poco va muriendo él y su grupo armado.

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