El narrador quiso ser poeta

VIDA Y MILAGROS. No deja de escribir. Y dice que lo hará hasta que mantenga su vigor intelectual. Jorge Edwards, el escritor chileno, acaba de ganar el premio iberoamericano Planeta Casamérica con una novela sobre poetas y política. Viene a Lima en julio, a la Feria del Libro

BUENOS AIRES. Los poetas no quedan bien parados. Son unos exiliados natos, pero también unos astutos natos. La novela es una espléndida recreación poética de Chile y Cuba. Así hablaba el escritor español Álvaro Pombo sobre Jorge Edwards mientras el narrador chileno sonreía agradecido. Se presentó al concurso de Planeta Casamérica con el seudónimo de Juan el Indiano y tituló a su manuscrito “La casa del pingüino”. Ahora, en un salón especial del hotel Marriott, celebra su triunfo y aclara que la novela se publicará con el título “La casa de Dostoievski”. La casa existió. También los poetas. Él mismo quiso ser poeta, pero desistió. Lo que viene es su nostalgia.

Cuando un escritor es consagrado como usted, ¿tiene reparos a la hora de concursar? Es decir piensa: ¿cómo yo, Jorge Edwards, voy a presentarme a un concurso narrativo o su ego ya está aquietado?
No sé si mi ego está aquietado, tampoco puedo exagerar, pero no tengo reparos. Me interesó mucho que fuera un premio nuevo, abierto, joven. Además que a los ganadores del año pasado (Pablo de Santis y Alonso Cueto) los conozco y les tengo respeto literario; eso también ayudó.

¿Alguna vez escribió poesía?
Claro que sí.

¿Y llegó a publicar?
Bueno, eso es mejor que no se sepa… por allí, en algunas revistas hay poemas míos… Siempre digo que me sentí más seguro con la prosa.

Cuando lee sus poemas, ¿qué piensa?
No los leo.

¿Por miedo a que le gusten?
Noooooo, ja, ja, ja. Eso no sucede.

¿Suele leerse?
Alguien me contó que viajó en un avión con José Camilo Cela y que él estaba riéndose a carcajadas de un libro. Cuando se acercaron observaron sorprendidos que estaba leyendo un libro suyo. Yo no podría. Me leo cuando debo hacer pruebas y con mucho sacrificio. Una vez publicado mi libro que sea leído por los demás. Como buen lector prefiero leer a otros escritores.

¿Qué está leyendo ahora?
Acabo de terminar el libro de un joven mexicano Guillermo Fadanelli; es un tipo que tiene mucho sentido del humor y agilidad narrativa. Ahora estoy leyendo un libro de Rüdiger Safranski, un filósofo alemán que ha escrito sobre Nietzsche y Heidegger y que tiene un libro sobre los conceptos del mal a través de la historia; se llama “El mal”. Ya leí 100 páginas.

¿Cuánto lee habitualmente?
Cambia mucho, pero si estoy en una ciudad como Buenos Aires, por ejemplo, me duermo una siesta y luego me pongo a leer. Me da risa porque la gente piensa que duermo tres horas, pero no es verdad: cierro los ojos diez minutos y después estoy leyendo.

¿Y duerme mucho o poco?
Depende.

Depende de qué…
De la compañía, ja, ja, ja.

Pero usted tiene cara de buena gente, no parece ser ese tipo de hombres que anda saltando…
Yo he sido bastante amante de las mujeres que me han amado e incluso de las que no lo hicieron, por desgracia. El amor no correspondido es lo peor, sobre todo ahora que estoy tan viejo.

¿Se siente viejo?
Bueno, no, pero nací en el año 31, tengo 76 años. La verdad es que nunca pensé que llegaría al 2000 y, mira, ya vamos en el 2008.

Lo veo muy bien, además.
Bueno, trato de no meterme en complicaciones. Intento mantener el vigor intelectual con la lectura, escucho música y soy bastante movedizo, así que camino mucho. Ya no puedo jugar tenis porque todos los jugadores de mi época están retirados, pero el otro día jugué con uno que tenía 40 años y me ganó 6-4. No estuve tan mal, tampoco.

¿Perdón? ¡Estuvo muy bien!
Claro, pero los tenistas son muy fastidiosos. Cuando ganan, te pican. Por eso he dejado el tenis.

¿Es muy picón?
Mucho. Hay que ser competitivo. Si no eres picón, no puedes jugar.

¿En la escritura vale ser picón?
No, porque no hay competencia con otro. En la escritura la competencia es con uno mismo.

Pero hay mucha vanidad entre los escritores…
Es un error. Para empezar en la literatura no hay mucho dinero. Un alumno mío me preguntó alguna vez cuánta plata daba el premio Nobel; me hizo reír.

¿Y qué ha sido lo más gratificante de ser escritor?
Hay momentos en que uno se siente feliz: cuando uno tiene conciencia de haber trabajado bien, de haber escrito bien. Cuando te encuentras con un lector inteligente y te comenta, te sientes alegre. Los premios obviamente dan momentos felices. Igual hay momentos duros. Escribir una novela requiere talento, pero también paciencia. Hay que tener voluntad.

¿Siempre fue disciplinado?
Fui un indisciplinado disciplinado. Sé en qué momento debo apretar.

Nicanor Parra dijo que usted había perdido la mitad de su vida con Pablo Neruda…
Lo que pasa es que Nicanor tenía una manía con Neruda. Era una rivalidad espantosa. Me decía eso todo el tiempo porque sentía como celos, pero, bueno, con Neruda uno se divertía mucho. Le encantaban las comidas, se bebía mucho…

Es decir que tuvo desbandes.
En mi juventud he pasado todas las etapas de la frivolidad y seducción. Con mi esposa estuve miles de años, nos separamos, nos volvimos a juntar y cuando se enfermó ya no la quise dejar sola. Hace un año y medio soy viudo. Mi mujer murió después de una etapa muy complicada. Estuve muy amarrado porque no podía valerse por sí misma. Estaba paralizada. Terrible.

¿Existe el amor de la vida?
No creo. Hay aproximaciones y no hay que dejar pasar esas aproximaciones. Yo no buscaba a la “mujer de mi vida”. Mi esposa era muy inteligente, divertida, tuvimos una relación accidentada, pero feliz. Su final fue muy penoso.

A mí me asusta tener una enfermedad degenerativa…
Yo me pegaría un tiro, pero soy optimista: no creo que me pase. Ahora tengo una buena salud.

¿De dónde saca tanta energía? Escribe novelas, artículos, viaja.
Mientras se pueda lo haré. De joven era un poco depresivo, pero se me fue quitando con la edad. Ahora me gusta mantenerme activo.

¿Qué le deprimía?
Era neurótico, tímido, no sé. Ahora estoy bien, optimista. Los años me enseñaron a ser menos neurótico. Y mira que no hice terapia; creo que me curé escribiendo.

Me gustó su novela “El inútil de la familia”, y creo que su tío, el escritor, de inútil no tenía nada.
Era un hombre contracorriente, un rebelde, un hombre mucho más loco que yo. Era un jugador, y yo soy absolutamente incapaz de jugarme las cosas en una pasada.

¿A su padre le hubiera encantado que se dedicara al Derecho?
Siempre me decía por qué no eres abogado y escribes los fines de semana. Me daba pena. Luego me decía: escribe sobre cosas interesantes; la industria del cobre, por ejemplo. Yo me reía. Cuando comenzó a leer mis cuentos se molestaba mucho porque se sentía retratado en algunos personajes. Después se tranquilizó.

¿Le gustó ser diplomático?
Me aburrí mucho, horas de horas en los aeropuertos, llevando a ministros y haciendo cosas locas, pero tuvo su lado interesante: se conoce la política, el poder por dentro, se conocen a personajes míticos.

Fidel Castro lo expulsó de la isla por sus críticas. ¿Cómo fueron esos años?
Estuve en España y me sentí protegido por los lectores de “Persona non grata”. Algunos amigos se pelearon conmigo por mis críticas al régimen castrista. Era casi indiscutible, pero sobreviví bien. En el fondo tengo una piel bien dura.

Ojalá que algún día dejen leer a los cubanos su novela.
Vamos a ver si ahora, con Raúl, se puede. Eso sería un gran cambio.

¿Qué le sigue revelando del régimen castrista?
El tema de la libertad. Eso es clave.

¿Y qué le molesta de la política?
La hipocresía, la corrupción, el doble lenguaje. Nunca he pertenecido a un partido político, pero a veces me da curiosidad: cómo será ser alcalde, parlamentario, por ejemplo; cómo será hacer una campaña. Pero, bueno, eso no se dará, yo seguiré escribiendo. Eso es lo mío.

SOBRE LOS GOBIERNOS
“Vengo de un país donde se cultiva el bajo perfil, y Hugo Chávez es todo lo contrario. Creo que no podría vivir en la Venezuela de hoy. Un amigo me dijo que cuando se acuesta ve si Chávez no está debajo de la cama: el hombre está hasta en la sopa”

“Michelle Bachelet me gusta, me parece bien intencionada, pero le falta autoridad. Es muy indecisa. Ella tiene mejor votación que su gobierno y quiere hacer cosas en la salud y en la educación, pero en la política las buenas intenciones no bastan. Hay que saber ejecutar”

“No me interesa en lo absoluto volver a conversar con Fidel Castro; se ha convertido en un viejo mañoso. Con Raúl sí hablaría, me gustaría saber todo lo que piensa hacer”

LA FICHA
Nombre: Jorge Edwards
Profesión: Estudió Derecho, pero no ejerció. Es escritor.
Edad: 76 años

Obras: “El peso de la noche” (1965), “Persona non grata” (1973), “Los convidados de piedra” (1978), “El anfitrión” (1987), “El origen del mundo (1996), “Machado de Assis” (2002), “El inútil de la familia” (2004). En1999 recibió el Premio Cervantes

Written by: Milagros Leiva Gálvez/El Comercio

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