Vive Brasil una explosión de prosperidad con fuertes inversiones

Por José Luis Castillejos Ambrocio

joseluiscastillejos@gmail.com

Sao Paulo.- Brasil, la primera economía de América Latina vive hoy una explosión de prosperidad, con grandes inversiones, una moneda estable y una inflación que se prevé cerrará este año en 4.30 por ciento, pero con fuerte delincuencia.

Edificios modernos, hoteles lujosos, costosos vehículos y fastuosos restaurantes conforman parte de este estallido que atrae a inversionistas extranjeros que atiborran las líneas aéreas en busca de oportunidades para invertir.

A la entrada de la ciudad, “El Sambódromo”, las instalaciones donde se celebra el desfile de las Escuelas de Samba con motivo del carnaval de Río de Janeiro.

Filas de autos se desplazan a gran velocidad en las amplias y bien acondionadas avenidas de la pujante ciudad de donde emergen grandes construcciones que reflejan que aquí circula mucho dinero.

“En los últimos 30 años no se había visto nada igual”, afirmó a Notimex un empleado que carga maletas en el aeropuerto al narrar que ahora hay mayores oportunidades a diferencia de otros años en los que las clases más pobres no tenían fácilmente acceso al empleo.

“La crisis golpea a muchos pero aquí, afortunadamente, gracias al turismo no sentimos ese golpe”, señaló este hombre de cortas palabras y andar presuroso.

En momentos en que la economía global enfrenta serios tropiezos, Brasil pareciera emerger como un paraíso consolidándose como la novena economía mundial. “En lo económico estamos mejor que antes el taxista Paulo Wendell, quien cobra dos dólares por cada kilómetro que recorre su automóvil chevrolet.

“Con Lula las condiciones han mejorado. No lo cree Usted? Pregunta mientras va señalando las partes de la ciudad y recomendando que lo mejor es no salir de noche porque hay grupos de delincuentes que pueden asaltarlo. “Deje todo en el hotel recomienda”.

Este país que tiene un Producto Bruto Interno del orden de 1,994,997 millones de dólares con una renta per cápita para cada uno de sus 190 millones de habitantes de 12 mil 007 dólares, tiene también su rostro abierto de pobreza y delincuencia.

A pesar de ese escollo, el coloso del sur realizó exportaciones al mundo por 200 mil 336 millones de dólares en el último año, que lo posicionó en el puesto número 20 como nación exportadora.

Parte de la riqueza acumulada de Brasil proviene de las exportaciones a Europa y Asia de soya, carne de res y minerales, situación que le permite al actual presidente Luiz Inácio Lula Da Silva gobernar sin complicaciones.

Los 200 mil millones de dólares que tiene en reservas internacionales este país le permite a la administración actual expandir a diversos rincones los programas de asistencia social para los pobres.

El Instituto Brasileño de Geografía y Estadísticas prevé que el país crecerá cerca al cinco por ciento, auge que le permitirá establecer fondos soberanos por un valor de entre diez mil y 20 mil millones de dólares.

El ministerio de Hacienda presentó de manera reciente un plan de desarrollo industrial de 125 mil millones con el fin de incentivar el inicio de operaciones de nuevas empresas dedicadas a la exportación y la alta tecnología.

Con ese fin el gobierno brasileño anunció que otorgará a los empresarios una serie de exenciones tributarias lo que les dará un respiro a los inversionistas.

Este nuevo clima, con estabilidad y apertura a los inversionistas, ha servido de “pasaporte” para que millones de pobres puedan aspirar a tener un menor nivel de vida, señaló el empresario peruano Jorge Reátegui Aspiazu, que viajo de Lima a Sao Paulo para adquirir productos para la industria panificadora.

“Esta revolución económica de Brasil la veo como una oportunidad para que se acorte la brecha entre ricos y pobres. Brasil es una potencia en Sudamérica que hemos desdeñado y no debemos dejar de pasar la oportunidad de subirnos al carro de las oportunidades”, comentó.

La confianza de los brasileños llevó al actual presidente de Brasil a darle una cátedra al ex gobernante de Estados Unidos, George W. Bush a quien le enrostró la crisis crediticia en Estados Unidos.

“Aquí está el problema, hijo”, dijo da Silva que le expresó a Bush. “Hemos pasado 26 años sin crecer. Y ahora que estamos creciendo, ¿aparecen ustedes y complican las cosas? ¡Solucione su crisis!”, arremetió el gobernante carioca.

Da Silva, un ex líder sindical es hoy, paradójicamente, un defensor de los empresarios, a quienes apoya con un discurso amistoso y ha dicho en varios foros que Brasil es un país serio, con políticas serias.

Pero quizás la crítica que aún no logra sortear Da Silva está relacionada con el elefantiásico Estado que lleva a elevar la carga impositiva brasileña a 36 por ciento de la producción.

El Instituto Brasileiro de Mercado de Capitais, una escuela de negocios, reseñó en un informe que Brasil es un país fiable y confiable que no tiene los problemas de otras naciones emergentes del denominado grupo de las BRIC, que deben vigilar sus fronteras con armas nucleares como ocurre con India.

Brasil solo debe preocuparse porque los problemas de Colombia y Venezuela no pasen las fronteras y se instalen en territorio brasileño, situación que lleva a los inversionistas a ver a esta poderosa nación como un nicho ideal para colocar sus fondos

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