América Latina cómo me dueles

Autor: Jose Luis Castillejos Ambrocio

joseluiscastillejos@gmail.com
Latinoamérica me dueles todas las mañanas,
las tardes y las noches.

América Latina tú que estás recostada
en el Pacífico de tus amores y deslizada
sobre el Atlántico de blanca y suave arena,
me dueles a diario.

Me dueles en el alma
porque tu sonrisa a veces se apaga
en el llanto callado de un niño o
en el anciano quien con su bastón
sale a caminar por las calles de la tristeza
y se va a dormir con el estómago vacío
y el borrado sentimiento de que, lo de ayer
fue mejor y, hoy, ya no será mañana.

Me duelen tus calles sembradas de violencia,
Y empedradas de tristeza
Me dueles cuando en tu silente amanecer
Despunta un horizonte de recuerdos
Y te desangras, incomprendida,
como una mujer abandonada antes de su boda,
O como una madre moribunda que extiende sus brazos
Para luego alzar la mirada y clamar,
y pedirle al Dios de sus deseos
por un instante más de vida
para bendecir a sus hijos, hermanos y
despedirse de sus querencias
y del terruño por el que transitó
maltrecha, querida y a veces odiada.
América mía cuánto te añoro.
Ya lo dijo Galeano: “No consigo dormir.
Tengo una mujer atravesada entre los párpados.
Si pudiera, le diría que se vaya;
pero tengo una mujer atravesada en la garganta”.

Y esa garganta eres tú mi querida América Latina,
cuyo grito de impotencia y de protesta
se escucha cuando el traqueteo de la metralla
remece las montañas de Colombia
o tiñe las calles de México y Centroamérica,
asediadas por el narcotráfico.

Y de esa violencia cotidiana no se escapan
Guatemala, México, Colombia, El Salvador,
Honduras, Brasil, Perú y otros rincones del
Continente donde a la par de ese mal
Hay niños en la calle y en la pobreza.

Me dueles a diario cuando
Por tus calles deambula la miseria
Agarrada del brazo de la mujer abandonada
Y el niño que muere de neumonía en los Andes
Y famélico en la sierra de Chiapas y Oaxaca.

Las provincias latinoamericanas ya no son como antes.
Uno iba a ver a las personas entrar a la misa
De Domingo y a observar los rostros lavados
De jóvenes que paseaban por la plaza.

Hoy, tristemente, son días de guardar.
Días de luto donde ya no vale preguntar:
¿Por quien doblan las campanas?

Yo quisiera que el sonido sea de paz,
Que los machetes estén enfundados y sólo
salgan para derribar los cañaverales
O limpiar los cafetales.

Y quisiera que esos millones de armas
se fundan y con ellas se hagan arados,
palas o cuchillos que corten imaginariamente
las amarras de la miseria.

Mi apreciada Rosario Castellanos lo dijo
una vez: “No te acerques a mí, hombre que haces el mundo,
déjame, no es preciso que me mates.
Yo soy de los que mueren solos, de los que mueren
de algo peor que vergüenza.
Yo muero de mirarte y no entender”.

Y dice Jaime Sabines que creer en la supervivencia del alma,
o en la memoria de los hombres,
es lo mismo que creer en Dios,
es lo mismo que cargar su tabla mucho antes del naufragio.

América Latina cómo me dueles
todas las mañanas,
todos los días
todas las noches.

Ciudad de Lima, Perú, 14 de Diciembre del 2009

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