Carlos Tevez, un “crack” que salió de las canteras de la pobreza

 Por José Luis Castillejos Ambrocio

Nació y se crió en el Fuerte Apache, uno de los barrios de Buenos Aires, Argentina, más peligrosos. Tiene la mirada triste y muy, ocasionalmente, radiante. Es bajito pero tiene el corazón grande y el deseo inmenso por dar clases en las canchas y mostrar sus gambetas. 

Es el “Pibe pobre” o “El Apache”, apelativos con que los argentinos conocen a Carlos Alberto Tévez, ex astro del Boca Juniors, y delantero del Manchester City a quien conocí cuando apenas tenía 20 años y quería comerse el mundo y llevarse las palmas y la gloria con su pícaro y rápido juego.

La ahora estrella, de 1.68 metros de estatura, que ha jugado 52 partidos internacionales estaba nervioso cuando lo entrevisté. Evadía la mirada, bajaba la cabeza y se agarraba los cabellos y tenía un tanto triste la mirada y anudado el recuerdo. Me contó que cuando apenas tenía diez meses de edad sufrió quemaduras de tercer grado tras caerle accidentalmente agua hirviendo.

Hoy en día se pueden apreciar claramente las secuelas del accidente sobre la piel del jugador: luce una gran cicatriz desde la oreja derecha hasta el pecho. Con la fama a Tévez le fue ofrecida una operación estética para ocultar las cicatrices. Quizás la cicatriz que no cierra aún en su alma, en su corazón y en el recuerdo, es la pobreza de donde logró emerger.

Tévez es también conocido como “Carlitos Way”. No olvida su origen humilde y sencillo y, por tanto, cuenta en una de las entrevistas que le hice que “fue en el barrio donde comenzó todo, donde el sueño fue tomando forma. Es hincha acérrimo del Boca Juniors, equipo por el que da todo.

El famoso crack internacional recuerda: “Pasábamos por problemas económicos terribles, pero del barrio Fuerte Apache salí y ahora estoy acá”, confiesa este joven , un desequilibrante con el balón que driblea, pasa a los contrarios y hace explosión futbolística cuando hace un gol.

Tiene el corazón integrado, pero el diente partido, producto de un cabezazo, que ya casi no recuerda; la cicatriz que le recorre de la oreja derecha al pecho, a causa de una quemadura con agua caliente a los diez meses de edad, es una marca imborrable. Sólo en un par de ocasiones sonrió cuando recordó a Diego Armando Maradona.

Asegura que las jugadas, con el balón al ras del piso, brincando, o dando cabezazos, las aprendió en el Fuerte Apache y esa destreza callejera ahora le han permitido ser considerado un icono en el equipo de sus amores, el Boca Juniors, de donde partió hacia Europa a conquistar otros corazones.

La habilidad, un poco de suerte le permitieron ascender habiendo debutado exitosamente ; “creo que he sobrepasado muchas barreras”, dice al considerarse un jugador exitoso.

Tévez tenía apenas dos años cuando su ídolo Diego Armando Maradona hizo el polémico gol llamado “mano de Dios” en junio de 1986 en México. Muchos técnicos consideran que el Apache juega similar al “Pibe de oro”.

Diego dijo hace 18 años que el primer tanto que marcó con Argentina ante Inglaterra en el estadio Azteca, durante el Mundial, fue con la mano de Dios.

Los hinchas argentinos vieron en él a Dios empujando con su mano el balón ante la sorpresa del portero Peter Shilton.

Ahora, el ex astro mundial que se recupera de su adicción a las drogas es sólo recuerdo mientras surge un nuevo crack mundial: El Apache, Carlos Tévez, que antes no tenía dinero y ahora vale más de 50 millones de dólares.

Ídolo de Boca, Tévez dijo en la entrevista concedida a Notimex que vive un momento muy lindo en su vida, ya que la verdad no esperaba tanto.

No olvida las raíces de su pobreza y por eso dice que no cambiará pese a que haya una lluvia de millones por su pase a otro equipo.

En cada partido lleva a quienes fueron sus empobrecidos padres: Segundo Raimundo Tévez y Adriana Martínez y sus hermanos del corazón como él los denomina: Débora Gisell, Diego Daniel, Miguel Ángel, y Ricardo Ariel.

“Creo que vivo un sueño”, dice el popular Carlitos o “El Pibe” que tiene magia pese a su timidez.

Es la magia del hombre a quienes muchos argentinos cariñosamente también lo llaman el “Monito” o “El Chamuscado”, apelatidos que no le incomodan y le hace gracia al jugador internacional, un delantero que dará mucho de qué hablar.

joseluiscastillejos@gmail.com


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