El “Superman peruano” un ícono en la vida de Perú

Por José Luis Castillejos Ambrocio

Lima.- Avelino Chávez se demora frente al espejo de bronce casi una hora para estudiar su imagen y caracterizarse como “Supermán”, atuendo con el que sale a las calles de Lima para trabajar en una agencia de viajes de la ciudad de Los Reyes.

Analiza cómo le queda la vestimenta, el peinado en forma de caracol y cada parte de su imagen reflejada en el bruñido metal de su casa en la “Quinta Reja”, en Barrios Altos, una populosa zona del centro de la capital, plagada de ladronzuelos y fumones.

Aunque no tiene la corpulencia de quienes, en la vida real, han interpretado en Estados Unidos al superhérore de los cómics, el “Supermán” peruano no se intimida y pese a que es esmirriado no pierde la sonrisa ni la brillantez de los ojos.

Le ha hecho algunas modificaciones al personaje y en vez de traje azul, rojo y amarillo, con una capa y un escudo de “S” estilizado en su pecho, Avelino prefiere armar su propio rompecabezas para vestirse: usa una gabardina roja en vez de capa y no lleva los calzoncillos encima del pantalón como el héroe norteamericano.

Este personaje de Lima realiza marketing comercial, es decir es “jalador” (proveedor) de clientes de la agencia de viajes “Full Turismo”, que está ubicada en el Jirón Huallaga 160, frente a la Plaza de Armas.

Se levanta temprano y tarda entre 40 y 50 minutos para cambiarse y peinarse como Superman y luego a las nueve de la mañana debe salir hacia su trabajo tras desayunar y ver a su enamorada, una de las nueve mujeres que han desfilado por su vida y que lo han dejado “Súper-misio”, es decir pobre.

“Yo inventé mi propio empleo en un país donde la Kriptonita de todos es estar pobre y desempleado. En mi lucha diaria por la vida encontré que este personaje de la ficción es querido y de esa forma consigo clientes o `superamigos´”, indicó a Notimex.

Reconoce que la gente lo considera loco o payaso, pero “yo lo tomo en forma amena, espontánea y sencilla. Escucho las críticas y saco mis conclusiones. En esta época de falta de trabajo cuando la gente no sabe qué hacer yo tengo un trabajo”.

Este personaje cobró fuerza en Lima desde hace 12 años y ha sido tal su popularidad que, incluso, el partido “Avanza País” lo lanzó, sin mayor éxito, hace una década, para que fuera congresista por Lima.

El “Superman peruano” tiene facilidad para hablar de política, historia, música, cultura general y es un artista que, por falta de dinero, no pudo hacer sus pinturas o trabajos de escultura.

Ha sido torero, pero una vaquilla lo lanzó por los aires y le hizo colgar el capote y la espada, y también se ha disfrazado del “Che Guevara”, de “Al Capone” y “Carlos Gardel”, pero el traje y la fama de Superman cruzaron fronteras y los turistas vienen a buscarlo.

“No falta la gente cargosa (irrespetuosa) que me dice: tú eres tarado pero cuando me escuchan hablar dicen Superman es un hombre culto, sabe conversar lo mismo de turismo que de la cultura Griega, Maya, Inca, de música, de política y de artistas”, indica.

Tiene su “Luisa Lane” (Mercedes Reyes), una peruana con la que tiene cuatro años de noviazgos pese al rechazo de uno de los hijos de esta que le dice a su madre: “¿Cómo es posible que andes con un payaso?”.

Avelino Chávez sigue soltero, le gusta mucho coleccionar revistas de comics, películas, trajes de torero y sombreros. “Mi padre decía de dónde salió mi hijo tan loco. Si ahora me viera vestido de Clark Kent o Superman caería “patas arriba”, expresó.

Cuando conversa con Notimex lleva la mirada de un lado a otro en busca de clientes pero sólo encuentra los edificios de la Catedral de Lima, la Iglesia del Sagrario, el Palacio Arzobispal de Lima, el Palacio Municipal de Lima y del Club de la Unión.

Superman no es un hombre cualquiera. Es admirado por niños y jovencitos de las escuelas y todos domingos que descansa visita la Iglesia acompañado de su “chica” como él llama a Mercedes a quien también considera su “Luisa Lane”.

“No creo mucho en los santos, sólo en Dios, pero ella (de 58 años de edad) es bastante religiosa y yo le llevo la corriente”, refiere este hombre delgado que reconoce que los fines de semana se “echa” algunas cervezas o ron, pero sin caer en la vida libertina”.

Nacido en la ciudad de Trujillo hace 52 años, Clark Kent debe recorrer por lo menos unas 40 cuadras todos los días para ir a su trabajo y retornar a su casa. “Por mi rumbo no pasan combis y si pago taxi me quedo aún más pobre”, dice.

En un país extremadamente competitivo, este hombre que estudió teatro, pintura y escultura y forma parte de la Asociación de Artistas Aficionados de Lima no puede ejercer porque le falta el dinero para comprar sus herramientas de trabajo.

Trabaja de 10 de la mañana a siete de la noche por un pago mensual de apenas de 175 dólares, 70 dólares menos del sueldo mínimo. No le queda de otra, dice que va a seguir así hacia el futuro, viviendo con su hermana y su sobrina en su casa de la “Quinta Reja”.

En la zona donde vive, Barrios Altos, cuna del criollismo y de la tradición del comportamiento del limeño popular, con casas de callejones, balcones coloniales y republicanos, donde hay seguido procesiones religiosas y jaranas (fiestas), “Superman” es querido.

Vivo en una zona “brava” (peligrosa), al lado de la Iglesia Mercedarias, y próximo a una zona “animosa” (movida) donde hay pollerías, tiendas, farmacias y un mercado, donde los “choros” (ladrones) caminan desenfadadamente y arrancan bolsas y celulares.

“Hay que luchar por la justicia, amor y paz”, dice este Clar Kent peruano que asegura que aunque su imaginación vuela, tiene los pies puestos en la tierra. “Mi kriptonita es la falta de dinero, no la piedra verde de la fantasía”, refiere.

La realidad de Superman es la falta de monedas, de billetes, pero es un problema de todos, es lo que carcome a muchas personas que se desesperan, se suicidan o matan por falta de recursos financieros.

En su casa, Avelino Chávez escucha la música de sus artistas favoritos: Jorge Negrete, Pedro Infante, Javier Solís o las canciones de Fray José de Guadalupe Mujica, que llegó a ser película “Yo pecador” y compuso “Bésame esta noche”.

Baila tango, rock and rol, y escucha a los Beatles, a Elvis Presley y aunque escucha ocasionalmente la música “chicha” (cumbia con huayno), dice que prefiere a Andrés Calamaro.

Desde hace 12 años interpreta a Superman, el “hombre de acero” al que un día un borracho quiso probar si realmente podría doblarle en la espalda un afilado cuchillo.

No es ni apuesto ni se parece a Christopher Reeve pero dice que ello no interesa ya que él sí es real y forma parte de los personajes de la ciudad que la hacen atractiva aunque algunos despistados le griten: “supertonto”, “supercholo”, “super-menso”.

Su peinado de caracol estampado en la frente como el original Superman es cubierto en invierno por un sobrero, personificando, debido al frío, sólo a Clark Kent.

Este superman, autollamado “súper cholo” se procura recursos tomandose fotos con los turistas quienes le dan propinas pero no falta alguien que en broma le grita desde lo lejos “¡súper man… tenido!”.

Para ir en su búsqueda hay que recorrer 46 cuadras de la Avenida Benavides y unos seis kilómetros en el autobús Metropolitano. Imposible hallarlo en domingo porque este “Clark Kent” peruano, de 1.60 metros, descansa ese día de la ajetreada semana.

De cuando en cuando y cuando la luz solar lo permite, Avelino Chávez, el “Superman” peruano divisa desde su lugar de trabajo, con exactitud, el Cerro San Cristóbal, ubicado entre el distrito del Rímac y el de San Juan de Lurigancho, a espaldas de Palacio de Gobierno.

A veces no hay forma de ver la parte alta del cerro cuyo nombre data de 1535 y forma parte del sistema montañoso de la cordillera de los Andes. Considerado por los Incas como “Apu” o “Dios”, el cerro al igual que Chávez son íconos de la cultura popular peruana.

Antes de llegar al sitio donde “Superman” debe estar trabajando, debo recorrer una larga ruta. Un pequeño “Elvis Presley”, de plástico, que cuelga de la ventana del microbús Q-5730 de las rutas Villa María del Triunfo (10) y puerto del Callao (30), baila el reguetón de Tony Dize Zion y Lennox: “Si no le contesto se desespera”.

El frío y la brisa del mar se cuela por las ventanas del transporte colectivo. Durante el trayecto de los casi cinco kilómetros de la Avenida Benavides a la terminal del sistema de transportes Metropolitano, en la estación Benavides, que conduce de la costa al centro de Lima, se ve de todo: vendedores, autos que se cruzan sin respetar la luz roja y mujeres jalando sus niños. Es día festivo.

Nada de taxis ni carro particular. Hay que sufrir el diario transitar de los peruanos y abordar el Metropolitano, un proyecto de transporte desarrollado por la Municipalidad de Lima. Los edificios, mercados, restaurantes, ubicado en las laterales de la vía Expresa, una especie de zanjón, van quedando atrás.

Luego una caminata por la calle Carabaya hasta desembocar a la Plaza San Martín para luego ir hacia la Plaza de Armas, el corazón de la capital de la República del Perú, que se encuentra situada en la costa central del país, a orillas del océano Pacífico.

Un carro-tren de color rojo, que recorre una extensa y populosa área urbana conocida como Lima Metropolitana, flanqueada por el desierto costero y extendida sobre los valles de los ríos Chillón, Rímac y Lurín, aparece de pronto en la Plaza de Armas, de donde baja una joven que irá a la Iglesia a su primera comunión.

Lleva un vaporoso vestido y zapatos color blanco. En su mano izquierda una flor y con la derecha se alza el faldón, de tela suave, para no arrastrarla.

A lo lejos, Superman la observa, suspira. No es su “Luisa Lane”.

joseluiscastillejos@gmail.com


				
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