El escape de la “Comandante María Inés”

guerrillera

Foto: guerrillera (referencial)

Por José Luis Castillejos Ambrocio

Tapachula, Chiapas.- El leve rubor de las mejillas de Martha Regina Toc, que fungía como cajera en restaurante “El Mesón del Pirata”, en Tapachula, desapareció repentinamente aquel julio de 1982, cuando vio a los siete agentes de los servicios secretos de México y Guatemala que le hacían una especie de “reglaje” o “radiografía” para identificarla como la “Comandante María Inés”, de la Organización Revolucionaria del Pueblo en Armas (ORPA), pieza clave en el reclutamiento de estudiantes de la Universidad San Carlos de Guatemala.

Un leve escalofrío y nerviosismo habría de recorrer el cuerpo de la bella mujer. Transcurrían los últimos días del mes de julio de 1982. La fuerte ventisca y la lluvia que azotaban la fachada del restaurante (ya desaparecido) ubicado en la cuarta avenida norte, entre primera y central poniente, llevó a los agentes guatemaltecos y mexicanos a refugiarse en ese sitio a donde ingresaron para degustar los buenos cortes de carne de res, preparados por el chef Rubén.

Los agentes mexicanos Juan Ramírez, Hernando Pérez, Saúl Gómez y Víctor González no sospechaban que la mujer, a la que piropeaban y seguían con la mirada para ver sus hermosas caderas, era buscada por la “G-2”, los servicios de inteligencia guatemalteca, quienes querían capturarla para interrogarla sobre los movimientos del grupo rebelde ORPA, que había cometido varios atentados.

El hermoso rostro de la guatemalteca Martha Regina Toc, de ojos semi-almendrados, 1.65 metros de estatura, se descompuso detrás de la caja registradora del restaurante. Ella sabía que su suerte estaría echada si se dejaba capturar, viva, por sus compatriotas que, por casualidad, dieron con su escondite en Tapachula.

Su rostro era ya conocido por los guatemaltecos quienes a través de los canales 3, 7 y 11 de la televisión se enteraron que el Ejército de Guatemala solicitaba la colaboración ciudadana para detener a la joven de 28 años, quien se encargaba de reclutar a universitarios para enrolarlos a las filas armadas y pelear contra el Estado guatemalteco.

“Al vernos y observarnos ella se llevó las manos a su cabello lacio y se le vio dirigirse a la cocina. Ella era muy amable, tenía un trato directo con todos los clientes que iban a pagar a la caja”, cuenta a este cronista el entonces jefe operativo del grupo de inteligencia mexicano quien narró cómo se les escapó de las manos .

“Nosotros teníamos contactos con la G-2 y miembros del Ejército Guatemalteco y en una visita de oficiales los invitamos a cenar al Mesón del Pirata. Ellos la identificaron. Nosotros nunca nos pusimos a pensar en los pasos en los que andaba, ni la relacionamos con actos guerrilleros, pero fueron los agentes de la inteligencia guatemalteca quienes la identificaron. Ellos estaban nerviosos. Temían que se desatara una balacera y no pudieran defenderse ya que estaban desarmados”, dijo

Uno de los agentes mexicanos preguntó a su contraparte guatemalteca qué opinaban de la hermosa cajera sobre quien habían hecho una apuesta para ver quien la conquistaba. Fue allí que un agente secreto guatemalteco abrió los ojos desmesuradamente, arqueó las cejas y le dijo algo a uno de sus acompañantes. Los guatemaltecos se pusieron pálidos y uno de ellos preguntó a los investigadores de México si sabían quién era realmente la mujer.

Hernando Pérez, el agente mexicano encogió sus hombres, como indicando que lo mismo daba fuera quien fuera, al cabo que la mujer estaba bonita.

-Ella es buscada en Guatemala. Es la “Comandante María Inés”, dijo sin mayor preámbulo uno de los guatemaltecos, tras lo cual Saúl Gómez y su compañero Víctor González dijeron que notificarían a sus jefes en México a quienes pedirían instrucciones sobre qué hacer.

Saúl y Víctor junto con dos agentes guatemaltecos se dirigieron a un teléfono público ubicado en la esquina de la primera poniente y cuarta norte, casi en el corazón de Tapachula. Informaron a México lo que pasaba y relataron que los agentes de Guatemala habían identificado a la comandante y pedían instrucciones “para ver lo que procedía”.

“Nos dijeron que si sabíamos qué delitos había cometido Martha Regina Toc o María Inés. No sabíamos nada de ella y luego nos indicaron que en todo caso los guatemaltecos tenían que hacer la denuncia, a través de las autoridades de su país para que fuera detenida. Ella no tenía estatus de asilada política”.

Fueron largos diez minutos de espera en el teléfono. La orden desde la capital mexicana fue:
“Búsquenla e invítenla a dialogar en la ciudad de México”. Cuando retornaron al restaurante, “María Inés” había abandonado la caja e ingresó al área de cocina.

Ya en el local los otros agentes se habían enterado que ella trajo al grupo musical “Lobo”, cuyos integrantes eran realmente su equipo de seguridad. Los oficiales de Guatemala y los mexicanos desconocían que el local tenía una puerta de “escape” para los empleados por donde “María Inés” había salido. En el Mesón del Pirata indagaron que la Comandante guerrillera tenía su domicilio en la 8ª. Oriente casi esquina con la primera sur.

Se apersonaron al sitio. La puerta estaba semi-abierta. Había en su interior tres tazas tibias con residuos de café. Había ropa de civil, documentos de la ORPA, un mimeógrafo y hojas de stencil (para imprimir) y algunas cajas plásticas de armas cortas y fusiles y espoletas de granada. “Sospechamos que en esa casa de seguridad había más gente”, indicó la fuente.

Los vecinos dijeron a los agentes de la inteligencia que allí vivía una mujer y un grupo de hombres a quienes ya les pisaban los talones. De inmediato, al no hallarlos, el agente Saúl Gómez llamó a la “garita” (caseta) migratoria de Viva México, en las afueras de Tapachula, sobre la carretera costera para que detuvieran una camioneta Van, color azul, con letras de varios colores y un logotipo sicodélico con el nombre del “Grupo Lobo”.

La camioneta fue hallada después en el entronque del municipio de Tuzantán donde se enteraron que todos se había fugado luego en un automóvil Caprice, color negro al que después hallarían en la zona de Motozintla de donde los guatemaltecos abordaron un camión de redilas que los llevó hacia el poblado de La Mesilla, en la frontera con Guatemala.

Meses después, hubo un enfrentamiento en territorio guatemalteco y quien encabezaba el operativo, por parte de la guerrilla, era la comandante “María Inés”, quien ya no usaba faldas, sino holgados pantalones, tipo militar. Ella trataba de liberar de una zona militar guatemalteca a un grupo de compañeros guerrilleros. En ese intento la bella mujer que fungía de cajera en el “Mesón del Pirata” murió abaleada.

Aquí, en Tapachula, en la década de los 70 y 80 pasaron muchos “correos” (informantes) que llevaban órdenes para que las cabezas ocultas (sus jefes) no se mostraran y pudieran sobrevivir al acoso del Ejército Guatemalteco en la lucha por desmantelar a las células tipificadas como terroristas.

El correo, sin embargo, no llegó a tiempo para informarle a “María Inés” de que estaba siendo buscada. Ella sabía que si era capturada su vida correría peligro y sería torturada hasta develar paraderos, cuentas bancarias y modo de operación de la Organización Revolucionaria del Pueblo en Armas (ORPA), que nació como un grupo de disidentes dentro de las Fuerzas Armadas Rebeldes (FAR) encabezados por Rodrigo Asturias “comandante Gaspar Ilóm”, quienes a partir de 1969 consideraban la incorporación del colectivo indígena a la lucha no solo necesaria sino imprescindible.

La dirigencia de las FAR rechazó la propuesta argumentando que se luchaba no “contra una discriminación de tipo racial” sino contra “una discriminación de tipo social, es decir, ricos contra pobres”, ante lo cual deciden separarse de las FAR y crear su propia organización armada en junio de 1971 con un carácter indígena a la par que revolucionario a la cual se enroló la bella comandante Martha Regina Toc (alias) “María Inés” quien ya nunca más volvería a caminar por las calles de Tapachula ni brincar los charcos de agua con apretadada falda. Esa que hacía suspirar a los agentes mexicanos.

A los “lobos” se les escapó la presa que huyó hacia las montañas para intentar continuar su sueño guerrillero y donde murió en un fuego cruzado sin que lograra liberar a sus compañeros rebeldes.

A los cazadores se le fue la liebre, una escurridiza mujer que tenía su centro de operaciones en el corazón de Tapachula, en el sureste mexicano.

joseluiscastillejos@gmail.com

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