Sí, existimos: Carlos Fuentes al incorporarse al Twitter


Por José Luis Castillejos Ambrocio

Sí, existimos y a la red nos incorporamos, gorgeó el escritor Carlos Fuentes aquel 19 de marzo del 2011, en su primer Twitt, pero aclaró que el llamado de la red, y su entrada a Twitter, es como el de las sirenas de Odiseo: Sólo hay que tener cuidado de no estrellarse en los escollos.

“La belleza sólo le pertenece al que la entiende, no al que la tiene”, twitteó en unos cuántos caracteres en los que escribió a los jóvenes, que es la mitad de la población de México a guiar el futuro de ese país que, en el momento en que se vive una espiral violenta.

“Imagino, luego existo”, fue otro de sus escritos al indicar que serán los jóvenes quienes tengan que enmendar los errores de nuestras generaciones; pero cuentan con una gran tecnología para hacerlo. Sigue leyendo

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El “Superman peruano” un ícono en la vida de Perú


Por José Luis Castillejos Ambrocio

Lima.- Avelino Chávez se demora frente al espejo de bronce casi una hora para estudiar su imagen y caracterizarse como “Supermán”, atuendo con el que sale a las calles de Lima para trabajar en una agencia de viajes de la ciudad de Los Reyes.

Analiza cómo le queda la vestimenta, el peinado en forma de caracol y cada parte de su imagen reflejada en el bruñido metal de su casa en la “Quinta Reja”, en Barrios Altos, una populosa zona del centro de la capital, plagada de ladronzuelos y fumones.

Aunque no tiene la corpulencia de quienes, en la vida real, han interpretado en Estados Unidos al superhérore de los cómics, el “Supermán” peruano no se intimida y pese a que es esmirriado no pierde la sonrisa ni la brillantez de los ojos. Sigue leyendo

Tiempo del adiós


 

 

(José Luis Castillejos Ambrocio)

Y pensar que fuiste mía en una noche de verano
cuando los pelícanos descansaban
sobre las piedras y el mar
ahuyentaba con sus enormes olas
a los lancheros.

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Dormir muriendo


 
 
Anoche sentí morirme.
Temí morirme
más supe, sin embargo,
que frente a los golpes del destino
no podía lamentarme
ni encerrarme en la cólera y las lágrimas
y hallé en el laberinto de mi vida
una estrecha salida
un excelente destino
y decidí que tenía que ser
el propio capitán de mi alma.

 Con los poemas yo hilvano tus sueños,
mis sueños de bebernos a Dios cada mañana
y dormitar las tardes bajo un cocotero
aspirando tu alma femenina
y dejando que las gaviotas vuelen
en tu cielo, en tu universo.

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